jue 3a. Sem Pascua (Id=281)
Cantemos al Señor; su victoria es
grande. Alabemos al Señor, porque él es nuestra fortaleza y salvación. Aleluya.
Cantémus Dómino: glorióse
enim magnificátus est. Fortitúdo mea et
laus mea Dóminus, et factus est mihi i
salútem, allelúia
Oremos:
Señor, muéstranos siempre ese amor que en estos días de Pascua nos has revelado
con mayor claridad; y concédenos que, libres del error y del pecado, sigamos
con fidelidad tus enseñanzas.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Aquí hay agua. ¿Hay alguna dificultad para que me bautices?
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles
8, 26-40
En aquellos días, el ángel del Señor dijo a Felipe:
"Ponte en camino hacia el sur por la ruta que baja de Jerusalén a Gaza a través del desierto".
El se puso en camino. Al mismo tiempo un etíope, hombre de confianza y ministro
de Candace, reina de los etíopes, y encargado de
todos sus tesoros que había ido a Jerusalén en peregrinación, regresaba sentado
en su carroza, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe:
"Acércate y ponte junto a esa carroza".
Felipe fue corriendo y, al oír que leía al profeta Isaías, le dijo:
"¿Entiendes lo que estás leyendo"?
El respondió:
"¿Cómo lo voy a entender, si nadie me lo explica?"
Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él. El pasaje que leía era éste:
Como oveja fue llevado al matadero; como cordero, mudo ante el esquilador,
tampoco él abrió su boca. Por ser humilde no se le hizo justicia. Nadie hablará
de su descendencia, porque ha sido arrancado de la tierra.
El etíope preguntó a Felipe:
"Te ruego que me digas a quién se refiere el profeta, ¿a sí mismo o
otro?"
Felipe tomó la palabra y, partiendo de este pasaje de la Escritura, le anunció
la buena noticia de Jesús. Siguieron su camino y llegaron a un lugar donde
había agua. Entonces el etíope dijo:
"Aquí hay agua. ¿Hay algún impedimento para que me bautices?"
Entonces, el etíope mandó detener la carroza, ambos se acercaron al agua y
Felipe lo bautizó. Después de salir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a
Felipe. El etíope no lo volvió a ver, pero continuó alegre su camino.
Por su parte, Felipe fue a parar a Asdod; y, desde
allí, fue anunciada la buena noticia en todas las ciudades por las que iba
pasando hasta que llegó a Cesarea.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 65, 8-9.16-17.20
Tu salvación, Señor, es para todos.
Iubiláte Deo, omnis
terra
Pueblos, bendigan a nuestro Dios, hagan
oír con fuerza su alabanza: él nos conserva la vida, y no permite que tropiecen
nuestros pies.
Tu salvación, Señor, es para todos.
Iubiláte Deo, omnis
terra
Vengan a escuchar los que respetan a
Dios, y les contaré lo que hizo a mi favor. Mi boca lo invocó, mi lengua lo
alabó.
Tu salvación, Señor, es para todos.
Iubiláte Deo, omnis
terra
Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi
súplica ni me ha retirado su amor.
Tu salvación, Señor, es para todos.
Iubiláte Deo, omnis
terra
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este
pan vivirá para siempre.
Ego sum panis vivus, qui
de caelo descéndi, dicit Dóminus; si quis manducáverit ex hoc pane, vivet
in aetérnum.
Aleluya.
Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 44-51
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
"Nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió, no se lo concede; y yo
lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Y serán todos
instruidos por Dios. Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene
a mí. Esto no significa que alguien haya visto al Padre. Solamente Aquél que ha
venido de Dios ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de
Jesús añadió:
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá para
siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del
mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Dios nuestro, que por medio de estos dones, que vas a convertir en el Cuerpo y
la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina; concédenos
que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo vive por siempre e intercede por nosotros
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte
siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra
Pascua, ha sido inmolado.
Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante ti;
inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
[Misa]
Cristo murió por todos, para que los
que viven ya no vivan para sí mismos, sino para el que murió y resucitó por
ellos. Aleluya.
Pro ómnibus mórtuus est Christus, ut
et qui vivunt iam non sibi vivant,
sed ei qui pro ipsis mórtuus est
et resurrexit, alleluía
Oración después de la Comunión
Oremos:
Ven Señor, en ayuda de tu pueblo, y, ya que nos has iniciado en los misterios
de tu Reino, haz que nuestra antigua vida de pecado y vivamos, ya desde ahora,
el gozo de la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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